Cuando pensamos en un lugar de encanto, imaginamos paisajes de ensueño, un paraíso en tierra, con blanca, agua azul, viento caliente y olor a mar. ¡Pues, de verdad te estas imaginando la isla de Fuerteventura! Después de Tenerife, Fuerteventura es la mayor de las Islas Canarias, la más cercana a África. Se trata de una de las islas más viejas del Archipiélago Canario que surgió como consecuencia de varios periodos volcánicos, en forma de erupciones basáltica dejando en las superficies coladas de lava solidificas. El clima de Fuerteventura es suave y agradable, con la brisa de los vientos alisios que soplan lo justo para aliviar el calor y convertir las playas en paraíso.
El paisaje es árido, la flora en la isla no es abundante. En cuanto la fauna, lo más destacable son las numerosas especies de aves, las ardillas, el burro majorero, el perro majorero y la cabra, el verdadero símbolo de la isla. Otro elemento fundamental, son los molinos. En ellos se molían los granos tostados, millo, trigo, etc, que, transformados en harina, constituyeron el alimento básico de los isleños, junto al riquísimo queso majorero. El nombre indígena de la isla, antes de su conquista en el siglo XV, era Erbania, dividida en dos comarcas
(Jandía y Maxorata), de donde deriva el nombre “majorero” (originalmente majo o maxo). Antes de la llegada de los europeos la isla estaba dividida en dos reinos indígenas, unos seguidores de Guize y otros de Ayoze. Los territorios de estas tribus eran Maxorata (al norte) y Jandía (al sur). La conquista de las islas comienza en 1402, comandada por los normandos con Jean de Bethencourt. La herencia de Bethencourt pasó de unos nobles a otros convirtiendo el régimen en un latifundio hereditario. La organización feudal se mantuvo hasta el siglo XIX con la creación de 6 ayuntamientos:


Actualmente la isla forma parte de la Comunidad Autónoma de Canarias y pertenece a la provincia de Las Palmas.